Portada de "Temporada de Zopilotes" de Paco Ignacio Taibo II

«Temporada de Zopilotes» de Paco Ignacio Taibo II

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Nuestra reseña literaria de hoy está dedicada al libro “Temporada de zopilotes” de Paco Ignacio Taibo II del año 2009. Se trata de la crónica de uno de los episodios más dramáticos de la Revolución Mexicana que fue la llamada “Decena Trágica”: un periodo de diez días que comprende desde la madrugada del 9 de febrero de 1913 en que comienza la revuelta para derrocar al presidente Francisco I. Madero, al 18 de febrero, fecha en que el presidente y el vicepresidente José María Pino Suárez fueron hechos prisioneros para ser luego asesinados.

¿Conoces a Paco Ignacio Taibo II?

Francisco Ignacio Taibo Mahojo nació en Gijón, Asturias en 1949 y se naturalizó mexicano el 4 de abril de 1984. La naturaleza de los lazos que unen a Taibo con México y España se explica por sí sola echando un vistazo a su historia familiar. Su padre, Paco Ignacio Taibo I, fue una figura muy importante en diversos ámbitos culturales, pero destacó sobre todo como escritor y periodista. Llegó a México procedente de España en 1959 con su esposa y su hijo Paco Ignacio Taibo II, invitado por Germán Figaredo, “El Conejo”, un famoso locutor de radio y productor de la televisión mexicana. Ya establecido en tierras aztecas, el matrimonio tuvo dos hijos más, Benito y Carlos, dedicados también a la cultura y la intelectualidad.

Familia Taibo al completo
La familia Taibo al completo. De izquierda a derecha Paco Ignacio Taibo II, Paco Ignacio Taibo I, Benito, Maricarmen Mahojo de Taibo y Carlos.

Durante el franquismo español, México no reconoció el régimen del dictador y por lo tanto fueron años en los que no existieron relaciones diplomáticas con España; sin embargo, Paco Ignacio Taibo I abrió las puertas de su casa a cualquier español que quisiera un plato de comida.

El único requisito era venir de España, tener una conversación interesante y contar cosas de allá. Así fue como la casa de los Taibo en la calle de Culiacán, en la colonia Condesa de la Ciudad de México, se convirtió en una embajada oficiosa de España por la que diariamente circulaban personajes como Pedro Garfias, Max Aub, Luis Buñuel, Luis Alcoriza o Joan Manuel Serrat, quien considera a los Taibo como una segunda familia con la que sigue manteniendo una estrecha relación.

Está claro que era un lugar donde se respiraba cultura, arte, historia y generosidad, y por lo tanto, no es de extrañar el lugar que Paco Ignacio Taibo II ocupa desde hace años dentro del panorama cultural e intelectual internacional.

Joaquín Sabina y Paco Ignacio Taibo II
Paco Ignacio Taibo II y Joaquín Sabina, quien ha defendido siempre la continuidad de la Semana Negra de Gijón.

Taibo es el creador de la Semana Negra de Gijón, que es el certamen literario, cultural, reivindicativo, festivo y popular más longevo de España en el que año tras año se reúne en la capital asturiana lo mejor de la novela negra y el cine policiaco y se presentan temas de enorme contenido social.

En la edición del año 2015 de dicho festival, se rindió un homenaje a Paco Ignacio Taibo I, a un año de su fallecimiento. Amor con amor se paga y así lo demostró con su participación poética y musical Joan Manuel Serrat a quien, como ya explicamos, le une un vínculo muy especial con la familia. Entre gaitas y mariachis estuvieron presentes también Víctor Manuel, Ana Belén, Luis García Montero y Marina Taibo, entre muchas otras personalidades.

Andrés Manuel López Obrador y Paco Ignacio Taibo II
El presidente de México Andrés Manuel López Obrador con Paco Ignacio Taibo II, a quien califica como un intelectual de primer orden.

Paco Ignacio Taibo II es sin duda uno de los escritores vivos más prolíficos del ámbito mexicano. Ha escrito infinidad de novelas, cuentos, libros en coautoría y guiones cinematográficos pero hoy, dada la naturaleza del libro que voy a reseñar, quiero destacar su importantísima aportación como investigador y cronista de la historia de México, de su tierra natal y de muchos otros capítulos y personajes de la historia universal.

Ha recibido numerosos premios y reconocimientos y actualmente desempeña el cargo de Director del Fondo de Cultura Económica. Sus series se pueden encontrar en Netflix, YouTube y muchos otros lugares.

Temporada de zopilotes. La Decena Trágica.

Además de ser una historia de traiciones, el trágico final del presidente Francisco I. Madero es la consecuencia de su excesiva confianza y de una suma de errores por su parte.

No tenemos por qué hacer suposiciones acerca del ideario político de Madero ya que está plasmado en su soberbio libro “La sucesión presidencial en 1910”. Era un hombre que procedía de una familia rica y que creía firmemente en una revolución política defendiendo el voto como la vía para expresarse libremente. Sin embargo, probablemente a causa de su origen acomodado, no era sensible a los problemas de las familias que no podían poseer tierras ni conocía la problemática de las tierras invadidas por las grandes compañías.

De cualquier manera, la fuerza y el coraje que demostró al derrocar a Porfirio Díaz consiguió unir al país. Madero inició su periodo presidencial electo por voluntad popular en octubre de 1911 pero dos años y pocos meses después, en febrero de 1913, su situación era crítica. Tomando en cuenta los testimonios y el devenir de los acontecimientos, el presidente era el único que no era consciente de lo peligrosa de su situación.

Entrada triunfal de Francisco I. Madero a la Ciudad de México el 7 de junio de 1911.
Entrada triunfal de Francisco I. Madero a la Ciudad de México el 7 de junio de 1911.

Las advertencias.

Madero encarceló a Pancho Villa por un crimen que no cometió y por más que Villa le escribía para advertirle de las conspiraciones que había en su contra, Madero no le hacía caso. Villa terminó escapando de la cárcel y se fue al exilio, en el que estaba desesperado por la negativa de Madero a escucharlo.

La conspiración más peligrosa para derrocar a Madero se gestó en La Habana, Cuba, y estaba encabezada por Manuel Mondragón. El plan consistía en dar un golpe militar en la Ciudad de México y así sacar de la cárcel a dos personas importantísimas que asumirían la dirección del movimiento: Bernardo Reyes y Félix Díaz. Había tantos implicados en la conspiración en la Ciudad de México que pronto empezó a fluir la comunicación con los encarcelados. Aquí entra la figura de un personaje que pudo haber cambiado el rumbo de la historia si Madero le hubiera hecho caso: su hermano Gustavo.

Gustavo Madero - Hermano del presidente Francisco I. Madero
Gustavo Madero, hermano del presidente.

Gustavo era un hombre honesto a carta cabal a pesar de las constantes calumnias de las que era objeto. Lo apodaban “ojo parado” ya que era tuerto y tenía una virtud de la que su hermano carecía, que era la sensibilidad social. El 5 de febrero de 1913 Gustavo ya tenía claro que el golpe llegaría por todos lados.

Sabía que la conspiración estaba en marcha y que se hallaba inmiscuido todo el ejército de la Ciudad de México. Entonces se entrevistó con su hermano y le presentó una lista de 32 generales comprometidos con el golpe, pero Madero consideraba que emprender acciones en su contra sería provocarlos.

Gustavo le dice: “Nos van a matar.
Madero le contesta: “Si hay que morir, se morirá…”
Pero Gustavo le responde: “pero también me van a matar a mí”.

Por lo tanto, las relaciones ya de por sí maltrechas entre los dos hermanos lo fueron todavía más a partir de ese momento, ya que Gustavo no logró hacer entrar en razón a Francisco.

El ejército se moviliza.

La noche del sábado 8 de febrero los alumnos de la Escuela Militar de Aspirantes de Tlalpan narcotizaron al director y salieron armados a las cuatro de la mañana iniciando el golpe militar. Gustavo Madero, al enterarse, abandonó de inmediato el restaurante Sylvain junto con el jefe de la policía y ambos corroboraron que el golpe estaba en marcha.

Al amanecer, los golpistas al mando de Manuel Mondragón y Gregorio Ruiz liberaron a Bernardo Reyes, preso en la cárcel de Tlatelolco. Entonces, Reyes encabezó una gruesa columna de alzados que se dirigió a la prisión de Lecumberri a liberar a Félix Díaz, quien salió con toda tranquilidad de la prisión a abrazarse con Reyes ante la mirada complacida de Mondragón.

Los alzados tomaron el Palacio Nacional y amenazaron con fusilar a Gustavo Madero, quien llegó en ese momento para intentar advertir a su hermano de lo que estaba pasando. Hasta este punto todo parecía demasiado fácil para los golpistas, hasta que apareció en escena Lauro Villar, militar siempre fiel a Madero.

Lauro se dio cuenta enseguida de que el Palacio había sido tomado y no podía entrar por la puerta principal. Entonces rodeó el edificio y entró por un cuartel de zapadores que está en la parte de atrás y sus 40 hombres derrotaron a los golpistas.

Félix Diaz y Bernardo Reyes
Los Generales Bernardo Reyes y Félix Díaz entrando al Zócalo de la Ciudad de México el  9 de febrero de 1913.

Madero sabía lo que estaba pasando y decidió salir del Palacio Nacional escoltado por aspirantes del Colegio Militar que aún le eran fieles y se resguardó en el Castillo de Chapultepec.

Mientras tanto, la gente que acudía a rezar a la Catedral descubrió una línea de tiradores recostados. La columna que encabezaba Reyes se acercó peligrosamente con 4,000 artilleros a la primera línea de tiradores y Lauro Villar le salió al paso… aguardando.

“Lauro, nos hemos alzado”, avanzó el general Reyes exhortando a Villar a unirse a la rebelión.

Villar le respondió que no vacilaría en dar la orden a sus hombres de abrir fuego en su contra. Bernardo Reyes creyó que en cuanto lo viera el resto de la tropa se le uniría.

Entonces intentó echarle el caballo encima a Lauro Villar quien en ese momento sin dudarlo dio la orden: ¡Disparen!
Reyes cayó muerto y su cadáver fue transportado al interior del Palacio y sus hombres, desconcertados, se replegaron corriendo a refugiarse a La Ciudadela.

Cadáver de Bernardo Reyes
Cadáver de Bernardo Reyes en una mesa del Palacio Nacional.

Los maderistas retomaron el control de la situación a excepción de un pequeño grupo de aspirantes que subieron a una de las torres de la Catedral y estuvieron actuando los dos días siguientes como francotiradores con ayuda de los curas. En el patio del Castillo de Chapultepec, Madero exhortó a los cadetes que iban vestidos de gala y con su dotación de cartuchos completa, de la siguiente manera:

“…Jóvenes cadetes: unos cuantos malos mexicanos, militares y civiles se han sublevado esta madrugada contra mi gobierno. En estos momentos la situación ha sido dominada por el pundonoroso General Lauro Villar, Comandante de Guarnición y el Palacio Nacional está en poder de las tropas leales. Ustedes, herederos de las puras y nobles tradiciones de lealtad a las instituciones legalmente constituidas, van a escoltarme, en columna de honor, hasta el Palacio Nacional, para demostrar al pueblo capitalino, que hemos triunfado derrotando a los infidentes y desleales…”

Marcha de la lealtad
Marcha de la lealtad, 9 de febrero de 1913.

Y entonces comenzó la conocida “Marcha de la lealtad” por Paseo de la Reforma. En la calle Guardiola la comitiva se dividió en tres para llegar al Zócalo por diferentes flancos. En el trayecto, Gustavo alcanzó a su hermano para advertirle de la traición del General Victoriano Huerta.

La columna que escoltaba a Madero fue atacada por un grupo de francotiradores y el presidente se refugió en el edificio de la fotografía Daguerre. Cuando se calmó el tiroteo Madero salió al balcón y en ese momento apareció el personaje que fue el cerebro maquiavélico detrás de la tragedia que estaba a punto de suceder: Victoriano Huerta.

En la fotografía que plasmó para la posteridad este momento, aparece Victoriano Huerta a la derecha de Madero vestido de civil, demostrando que está en contra del golpe militar y que viene a ponerse al servicio del presidente.

Madero cometió tantos errores como muertos se iban acumulando, y el nombramiento de Huerta como comandante de la plaza en sustitución del recién asesinado Lauro Villar fue el principio del fin. A pesar de que Gustavo se lo advirtió unas horas antes, su hermano de nuevo lo desestimó.

El presidente Madero y Victoriano Huerta
Madero en el balcón del edificio de la fotografía Daguerre con Victoriano Huerta vestido de civil a la derecha en la fotografía.

A partir de este momento dejo que el futuro lector descubra lo que sucedió después. Este libro es totalmente histórico y no tiene personajes ni tramas ficticias y es considerado la mejor crónica jamás escrita de la “Decena Trágica”.

Faltan muchos personajes y sucesos por narrar en esta reseña. El embajador estadounidense Henry Lane Wilson, que no hemos mencionado todavía, fue una pieza clave en el asesinato de Madero. El asalto a La Ciudadela, la heroica resistencia del presidente, la dramática forma en que Gustavo Madero fue asesinado y muchos acontecimientos más, son narrados de forma magistral por Paco Ignacio Taibo II. Disfruten de esta extraordinaria crónica documentada de forma inmejorable.

Recordemos que únicamente a través del estudio y el conocimiento de la historia podemos formarnos un pensamiento libre y crítico que nos permita tomar decisiones propias e intentar no cometer los mismos errores del  pasado.

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Algunas curiosidades.

Alfonso Reyes. El dolor por la muerte de un padre.

Alfonso Reyes, Manuela Mota y su hijo
Alfonso Reyes, su esposa Manuela Mota y su hijo Alfonso Bernardo.

Es conocida la carrera de Alfonso Reyes como escritor, intelectual y diplomático, pero no todos saben que su padre fue el General Bernardo Reyes.

Nunca ha quedado claro cuántas víctimas cobró aquel tiroteo del 9 de febrero de 1913 a las puertas del Palacio Nacional, pero lo cierto es que el general Bernardo Reyes fue el primero en caer. Su cadáver fue llevado al interior del Palacio y colocado en una gran mesa. El presidente se enteró de lo acontecido cuando regresó y el General Lauro Villar le rindió el informe correspondiente. Cuando Madero tuvo enfrente el cadáver, se lamentó con una profunda tristeza en los ojos y en la voz: “Esto no debió ocurrir”.

Y no debió ocurrir porque en algún momento Bernardo Reyes formó parte del movimiento antirreeleccionista y fue un candidato fuerte para suceder a Porfirio Díaz, pero decidió darle la espalda a Madero involucrándose en un movimiento que nació muerto desde el principio y por eso terminó encarcelado en la prisión de Tlatelolco.

Su hijo Alfonso recibió un mensaje de parte del presidente: si su padre se retiraba a la vida privada, en ese momento quedaría en libertad. La respuesta de Alfonso, quien era un hombre dedicado únicamente a las letras, fue que él no era la influencia familiar dominante y que no entendía de cosas prácticas.

Esta negativa de Alfonso a involucrarse en el destino del hombre que, además de haber sido gobernador y muy probable presidente de la República era su padre, fue una culpa que cargó hasta el final de su existencia. Se dedicó a la vida diplomática para olvidar el horror de los acontecimientos pero dejó escrita la “Oración del 9 de febrero”.

Esta conmovedora confesión personal acerca de su sentir por la muerte de su padre fue escrita 17 años después de ocurridos los acontecimientos y fue publicada de forma póstuma por la viuda de Alfonso en 1963. Aquí reproduzco unas cuantas líneas de dicho texto que reflejan el profundo dolor del hijo que vivió el resto de su vida con el dolor y el remordimiento de saber que pudo haber cambiado el rumbo de los acontecimientos y no lo intentó.

“El desgarramiento me ha destrozado tanto, que yo, que ya era padre para entonces, saqué de mi sufrimiento una enseñanza: me he esforzado haciendo violencia a los desbordes naturales de mi ternura, por no educar a mi hijo entre demasiadas caricias para no hacerle, físicamente, mucha falta, el día que yo tenga que faltarle.”

Alfonso Reyes
Oración del 9 de febrero
Extracto

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