Pactos, de Albert Villanueva, es una novela negra que combina investigación policial, memoria familiar, heridas del pasado y una mirada muy concreta sobre Gavà, la ciudad natal del autor y escenario central de la historia.
En este séptimo episodio de La Herencia de Alejandría, Luis Carballés comenta esta obra protagonizada por el inspector Miquel Pruna, un personaje marcado por la inteligencia, la intuición policial, la pérdida de su madre y una deuda íntima con la verdad.
Una novela negra con memoria
Pactos se presenta como una novela negra, pero no se limita a cumplir los códigos habituales del género. Hay suspense, intriga, tensión, misterio y asesinato, pero también hay memoria, desarraigo, dolor familiar y una reflexión sobre las consecuencias de aquello que se oculta durante décadas.
La novela arranca con una voz inquietante. No sabemos quién habla, ni qué le ocurrió exactamente, pero sí sabemos algo esencial: esa voz pertenece a alguien que se siente agraviado y que ha esperado durante cuarenta años el momento adecuado para vengarse.
Desde ese punto de partida, Albert Villanueva construye una historia en la que el presente policial y el pasado familiar se entrelazan hasta formar una trama más compleja de lo que parece en sus primeras páginas.
Quién es Albert Villanueva
Albert Villanueva nació en Gavà, Cataluña, en 1962. Es profesor de secundaria y escritor. Su trayectoria literaria comenzó con Yo no quiero ir a esta escuela, un ensayo relacionado con la educación, y continuó con Por hacer a tu muerte compañía, una novela ambientada también en su ciudad natal.
Con Pactos, Albert Villanueva entra de lleno en la novela negra. Según la ficha del libro publicada en su propia web, la obra pertenece al género de novela negra y fue publicada por Azur Grupo Editorial. Puedes consultar más información en la página oficial de Pactos en la web de Albert Villanueva.
También la ficha de Pactos en Azur Editorial presenta la novela como una historia en la que el inspector de los Mossos d’Esquadra Miquel Pruna recibe una llamada que lo llevará a una investigación especialmente personal.
De qué trata Pactos
La novela comienza con un crimen brutal. Carlos Vidal, un hombre gallego de treinta y ocho años, asesina a su esposa y a su hijo adolescente, y huye llevándose como rehén a su hijo menor.
El inspector Miquel Pruna recibe el aviso en el complejo central de los Mossos d’Esquadra. El asesino ha liberado al niño en la salida de Santa Pau y ha sido localizado cerca del volcán de Santa Margarida, junto a Olot. Pruna se traslada a la zona con su equipo, acompañado por su ayudante, Roc Molina.
Pero mientras se resuelve esa situación, Pruna recibe una llamada que cambiará por completo el eje de la historia: su madre, Josefa, ha muerto en la residencia Concordia de Gavà.
Ese regreso a Gavà abre una segunda investigación, más íntima y dolorosa. Lo que parecía una muerte natural empieza a generar sospechas, y el inspector comprende que la muerte de su madre puede estar relacionada con una historia antigua que ella nunca logró cerrar.
Miquel Pruna, un inspector con heridas propias
Uno de los grandes aciertos de Pactos es la construcción de su protagonista. Miquel Pruna no es solo un policía eficaz. Es un hombre inteligente, deductivo y perspicaz, pero también alguien atravesado por la tristeza, la culpa y la relación con su madre.
La novela permite ver al inspector en dos planos. Por un lado, está el profesional que debe resolver un caso. Por otro, está el hijo que acaba de perder a su madre y que se enfrenta a una pregunta incómoda: qué ocurrió realmente con su familia décadas atrás.
Esa dimensión emocional evita que el personaje caiga en el estereotipo del detective frío o puramente funcional. Pruna investiga porque es su trabajo, pero también porque necesita saldar una deuda con Josefa y con la memoria familiar.
Josefa y las casitas de San Rafael
La figura de Josefa, la madre de Miquel Pruna, es esencial para entender el fondo de la novela. Antes de morir, le había pedido a su hijo que la llevara a las casitas de San Rafael, un lugar asociado a un episodio traumático de su pasado.
En los años cincuenta y sesenta, muchas familias emigrantes llegaron a Gavà procedentes de zonas pobres, especialmente de Andalucía. Vivían en condiciones precarias, en chabolas y cuevas. Tras una riada en 1962, muchas de esas viviendas fueron destruidas y los damnificados fueron reubicados en condiciones muy difíciles.
En la novela, ese contexto histórico se convierte en una de las claves de la trama. Josefa nunca comprendió del todo por qué su familia fue expulsada ni por qué ella fue separada de los suyos. Esa herida, aparentemente enterrada, vuelve al presente a través de la investigación de su hijo.
Gavà como escenario narrativo
Gavà no funciona en Pactos como un simple decorado. Es un espacio narrativo con peso propio. La ciudad aparece como lugar de infancia, pérdida, regreso, secretos y memoria colectiva.
Albert Villanueva conoce muy bien el territorio sobre el que escribe. Ese conocimiento se nota en la forma de recrear calles, espacios, recuerdos y acontecimientos históricos. La ciudad se convierte en una pieza activa de la novela, casi en un personaje más.
En una entrevista publicada en Mucho Más Que Un Libro, el propio autor explica la importancia de Gavà dentro de la novela y su interés por situar la acción en lugares reconocibles y cargados de experiencia personal.
Las riadas de 1962 y la memoria histórica
Uno de los elementos de fondo más importantes de Pactos es la referencia a las inundaciones de 1962. Las riadas del Vallès y del área metropolitana de Barcelona han quedado como una de las mayores catástrofes hidrológicas de la España contemporánea.
La investigación histórica sobre el episodio del 25 de septiembre de 1962, publicada por el grupo GAMA de la Universidad de Barcelona, recuerda la magnitud de aquellas inundaciones y su impacto humano y material. Puedes consultar el documento El episodio del 25 de septiembre de 1962 para ampliar el contexto histórico.
En Pactos, ese trasfondo no se usa como simple ambientación. Sirve para hablar de los damnificados, de la precariedad, de las decisiones administrativas injustas y de las vidas que quedaron marcadas por una tragedia que no siempre fue contada con suficiente claridad.
Los pactos como motor de la novela
El título de la novela no es casual. Los pactos son el núcleo simbólico y narrativo de la obra. Hay acuerdos explícitos, silencios compartidos, lealtades, deudas morales y decisiones que los personajes aceptan como válidas aunque puedan ser discutibles o incluso inmorales.
Albert Villanueva plantea una pregunta interesante: qué ocurre cuando un pacto privado acaba condicionando la vida de varias personas durante décadas. En la novela, los pactos no son simples promesas; son estructuras de poder, de memoria y de culpa.
Ese enfoque da profundidad al relato. La intriga policial avanza, pero debajo de ella hay una reflexión sobre cómo se construyen los secretos familiares y cómo esos secretos terminan regresando cuando alguien decide buscar la verdad.
Una historia de venganza, culpa y verdad
Pactos funciona porque combina muy bien dos líneas narrativas. La primera es la del crimen y la investigación policial. La segunda es la del pasado familiar de Miquel Pruna y de su madre.
La voz anónima que aparece desde el inicio introduce la idea de la venganza. Pero la novela no se limita a presentar un misterio que debe resolverse. También plantea el peso moral de la reparación, la legitimidad de ciertos actos y el modo en que una injusticia antigua puede seguir viva mucho tiempo después.
Ese equilibrio entre investigación, emoción y memoria convierte la lectura en algo más que un ejercicio de suspense. La novela interpela al lector y le obliga a preguntarse qué haría si descubriera que una parte decisiva de su historia familiar ha sido silenciada.
Por qué leer Pactos
Pactos, de Albert Villanueva, merece ser leída por quienes disfrutan de la novela negra con trasfondo humano. Es una historia de misterio, pero también una novela sobre la familia, la ciudad natal, la memoria y los daños que permanecen ocultos bajo una aparente normalidad.
Es especialmente recomendable para lectores interesados en la novela policíaca española, las investigaciones con componente emocional, los escenarios locales bien trabajados y las historias donde el pasado no está cerrado, sino esperando a ser descubierto.
Además, Miquel Pruna tiene potencial como personaje de largo recorrido. Esta primera entrega funciona como presentación de un inspector que puede crecer en nuevas novelas y seguir explorando conflictos donde el crimen, la memoria y la identidad se cruzan.
Escucha este episodio de La Herencia de Alejandría
En este séptimo episodio de La Herencia de Alejandría, Luis Carballés comenta Pactos, de Albert Villanueva, una novela negra protagonizada por el inspector Miquel Pruna.
Una historia de suspense, memoria familiar, venganza, secretos enterrados y heridas del pasado ambientada en Gavà.
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