Transcripción del episodio. Al tratarse de un directo, puede contener pausas y algún giro propio del habla, aunque se ha limpiado ligeramente para mejorar la lectura.
Introducción
Hola a todos, buenos días, buenas tardes o buenas noches, según cuando me escuches. Si me estás escuchando ahora, pues buenos días desde España. En otras partes del mundo probablemente sean buenas noches… o vete tú a saber. A lo mejor también son buenas tardes, como puede ser el caso de Australia, por ejemplo.
Soy Luis Carballés, actor y locutor. Muchos me conocéis, otros quizás no tanto.
Tengo un pódcast que se llama El legado de Borges y en ese pódcast lo que hago es audiorelatos, audiopoesías y, en general, trato de animar a la gente a disfrutar de la literatura. No siempre tenemos tiempo para disfrutar de la literatura como lo hemos hecho toda la vida, y en los últimos tiempos el hecho de que haya aparecido el pódcast —hace ya más de 10 años— facilita que mucha gente pueda disfrutar de grandes historias y de grandes literatos, y que no sea excusa el hecho de que no se pueda coger un libro y leerlo.
Por mi parte, a mí me encanta la literatura: grandes autores de todos los tiempos. He interpretado incluso un relato de Ovidio. Me gustan mucho los clásicos, pero sí es verdad que hay tres autores que me gustan mucho: Borges, Edgar Allan Poe y H. P. Lovecraft.
En este punto debo decir que hace tiempo que no publico cosas. Voy publicando alguna cosilla en Facebook, pero hace tiempo que no publico en el pódcast. El último programa que publiqué se tituló Aquellos Reyes Magos, que es un relato de un escritor español que se llama Moisés González Muñoz y que está vivo. Digo esto porque interpreto historias, textos de grandes autores, pero muchos de ellos no están ya con nosotros, como es el caso de Borges, Poe y Lovecraft.
Y como hace mucho tiempo que no publico algo elaborado como suelo hacerlo, quiero explicar que el hecho de que no haga cosas que se vean públicamente no quiere decir que no esté trabajando. Actualmente estoy trabajando en varios audiolibros y he querido interpretar un texto de uno de esos audiolibros para que escuchéis y os hagáis una idea de lo que puede venir en marzo, que es precisamente cuando voy a empezar a publicar.
¿El porqué de tanto tiempo sin publicar algo elaborado como suelo hacerlo? Porque quiero preparar contenido para poder conseguir que seáis felices con el contenido que os gusta, el contenido que produzco, y que haya una continuidad lo más correcta y lo más asidua posible. Esto me lleva tiempo, porque es bastante, y por eso este parón tan largo.
De todas maneras, quiero expresaros a todos aquellos que me seguís incondicionalmente mi gratitud: porque siempre estáis ahí y siempre me estáis apoyando, y eso es mucho de agradecer.
Si os parece, voy a empezar con este texto. Y fijaos: aquí no hay trampa ni cartón. Esto es en directo. Va a ir sin música, y me vais a escuchar tal y como hago las cosas: equivocándome, repitiendo… Digamos que esto es una grabación en vivo y en directo, con todos los defectos y con todos los errores que yo pueda tener.
Así que gracias por estar ahí, gracias de verdad por escucharme, por estar siempre pendientes de lo que hago. Si me permitís, me dais un segundo… y enseguida comienzo con la narración.
Vale, pues vamos allá. Vamos a comenzar. Como digo, es un texto… No voy a decir qué texto es, no voy a decir el título, porque quiero que sea una sorpresa. Quiero que penséis de qué historia puede ser este texto. Esto es algo que estoy produciendo actualmente y que, a partir de marzo, vais a poder disfrutar.
Lectura en directo
El día 12 nos hicimos a la vela desde Christmas Harbour, desandando en nuestro camino hacia el oeste y dejando a babor la isla de Marion, una de las del archipiélago de Crozet. Pasamos después la isla del Príncipe Eduardo, dejándola también a nuestra izquierda.
Luego, navegando más hacia el norte, llegamos en 15 días a las islas de Tristán da Cunha, a 37 grados 8 minutos de latitud sur y 12 grados 8 minutos de longitud oeste. Este archipiélago, ya muy conocido y que consta de tres islas circulares, fue descubierto primeramente por los portugueses y visitado después por los holandeses en 1643 y por los franceses en 1767. Las tres islas forman en conjunto un triángulo y distan unas de otras como 10 millas, existiendo entre ellas anchos pasos.
La costa en todas ellas es muy alta, especialmente en la de Tristán da Cunha propiamente dicha. Esta es la más grande del grupo, pues tiene 15 millas de circunferencia y es tan elevada que se la puede divisar, con tiempo claro, a una distancia de 80 o 90 millas. Una parte de la costa hacia el norte se eleva a más de 300 metros perpendicularmente sobre el mar.
A esta altura, una meseta se extiende casi hasta el centro de la isla y desde esa meseta se alza un elevadísimo cono como el de Tenerife. La mitad inferior de este cono está cubierta de árboles de gran tamaño, pero la región superior es roca desnuda, por lo general oculta entre las nubes y cubierta de nieve durante la mayor parte del año. No hay bajos fondos ni otros peligros en los alrededores de la isla, siendo las costas notablemente escarpadas y de profundas aguas.
En la costa del noroeste se halla una bahía con una playa de arena negra donde puede efectuarse con facilidad un desembarco con botes, siempre que sople viento del sur. Allí se puede uno procurar enseguida gran cantidad de agua excelente, y también se pesca con anzuelo y caña bacalao y otros peces.
La isla siguiente, en cuanto al tamaño y la más al oeste del grupo, es la llamada la Inaccesible. Su posición exacta es de 37 grados 17 minutos de latitud sur y 12 grados 24 minutos de longitud oeste. Tiene siete u ocho millas de circunferencia y por todos sus lados presenta un aspecto espantoso e inaccesible. La cumbre es perfectamente llana y toda la región es estéril, no creciendo en ella nada excepto unos cuantos arbustos raquíticos.
La isla Nightingale, la más pequeña y meridional, se halla situada a 37 grados 26 minutos de latitud sur y a 12 grados 12 minutos de longitud oeste. Lejos de su extremidad meridional sur se halla un alto arrecife de islotes rocosos. Se ven también algunos de un aspecto similar hacia el nordeste.
El terreno es irregular y estéril y un profundo valle lo divide parcialmente. Las costas de estas islas son ricas, en la estación propicia, en leones marinos, elefantes marinos y focas, juntamente con una gran variedad de aves oceánicas de toda clase. También abundan las ballenas en sus cercanías. Debido a la facilidad con que estos diversos animales eran capturados en un principio, el grupo ha sido muy visitado desde su descubrimiento. Los holandeses y los franceses lo frecuentaron desde los primeros tiempos.
En 1790, el capitán Patten, que mandaba el barco Industrie de Filadelfia, hizo un viaje a la isla Tristán da Cunha, donde permaneció siete meses, desde agosto de 1790 hasta abril de 1791, con el objeto de recoger pieles. Durante este tiempo recogió no menos de 5.600 y afirmó que no le hubiera costado ninguna dificultad cargar de aceite un barco grande en tres semanas. A su llegada no encontró cuadrúpedos, a excepción de unas cuantas cabras salvajes.
La isla abunda ahora en nuestros más preciosos animales domésticos, que han sido introducidos sucesivamente por los navegantes. Creo que fue poco después de la visita del capitán Patten cuando el capitán Colquhoun, al mando del bergantín americano Betsy, hizo escala en la más grande de las islas con la intención de habituallarse. Plantó cebollas, patatas, coles y una gran cantidad de otros vegetales, que ahora se encuentran allí en abundancia.
En 1811 el capitán Highwood, en el Nereus, visitó la isla Tristán. Encontró allí a tres americanos que residían en la isla para preparar aceite y pieles de foca. Uno de aquellos hombres se llamaba Jonathan Lambert, quien se daba a sí mismo el título de soberano del territorio. Había roturado y cultivado unos 70 acres de tierra y dedicaba toda su atención a introducir el café y la caña de azúcar.
Pero este establecimiento fue abandonado al fin y en 1817 el gobierno inglés tomó posesión de las islas, enviando un destacamento desde el Cabo de Buena Esperanza a tal efecto. Sin embargo, aquellos colonos no permanecieron mucho tiempo. Después de la evacuación del territorio como posesión británica, dos o tres familias inglesas fijaron en ella su residencia, independientemente del gobierno.
El 25 de marzo de 1824 el Berwick, del capitán Geoffrey, que partió de Londres con destino a la Tierra de Van Diemen, arribó a la isla, donde encontró a un inglés llamado Glass, en otro tiempo cabo de la artillería inglesa. Se arrogaba el título de gobernador supremo de las islas y tenía bajo su mando a 21 hombres y tres mujeres. Dio un informe muy favorable de la salubridad del clima y de la productividad del suelo.
La población se ocupaba principalmente en recoger pieles de focas y aceite de elefante marino, con que traficaban con el Cabo de Buena Esperanza, pues Glass era dueño de una pequeña goleta. En la época de nuestra llegada, el gobernador residía aún allí, pero su pequeña comunidad se había multiplicado: había en la isla Tristán 56, además de un pequeño establecimiento de siete personas en la isla de Nightingale. No encontramos ninguna dificultad para procurarnos todo género de provisiones: ovejas, cerdos, cebúes, conejos, volatería, cabras, pescado en gran variedad y legumbres.
Echamos el ancla muy cerca de la isla grande, con 18 brazas de profundidad, y embarcamos muy convenientemente todo cuanto necesitábamos a bordo. El capitán Guy compró también a Glass 500 pieles de foca y cierta cantidad de marfil. Permanecimos allí una semana, durante la cual reinaron los vientos del norte y del oeste, con un tiempo algo brumoso.
El 5 de noviembre nos hicimos a la vela hacia el sudoeste, con la intención de realizar una búsqueda por entre un grupo de islas llamadas Las Auroras, sobre cuya existencia ha habido gran diversidad de opiniones. Se dice que estas islas fueron descubiertas a principios de 1762 por el comandante del barco Aurora. En 1790, el capitán Manuel de Ollarvido, en el barco Princes, perteneciente a la Real Compañía de Filipinas, navegó, según afirma él, por estos lugares.
En 1794, la corbeta española Atrevida partió con el propósito de determinar su situación exacta y, en un informe publicado por la Real Sociedad Hidrográfica de Madrid en el año 1809, se habla de esta expedición en los siguientes términos: la corbeta Atrevida practicó, en sus inmediatas cercanías, desde el 21 al 27 de enero, todas las observaciones necesarias y midió, con cronómetros, la diferencia de longitud existente entre estas islas y el puerto de Soledad, en las Malvinas. Estas islas son tres. Están casi en el mismo meridiano. La del centro, algo más baja, y las otras dos pueden verse a nueve leguas de distancia.
Las observaciones hechas a bordo de la Atrevida dieron los siguientes resultados en cuanto a la exacta situación de cada isla. La más septentrional se halla a 52 grados, 37 minutos, 24 segundos, de latitud sur, y a 47 grados, 43 minutos, 15 segundos, de longitud oeste. La del centro, a 53 grados, 2 minutos, 40 segundos, de latitud sur, y a 47 grados, 55 minutos, 15 segundos, de longitud oeste. Y la más meridional, a 53 grados, 15 minutos, 22 segundos, de latitud sur, y a 47 grados, 57 minutos, 15 segundos, de longitud oeste.
El 27 de enero de 1820, el capitán James Weddle, de la Armada Británica, se hizo a la vela desde Staten Land, también en busca de Las Auroras. Informó que, después de haber realizado búsquedas muy diligentes —no solo inmediatamente en los puntos indicados por el comandante de la Atrevida, sino en todas las direcciones por las cercanías de aquellos lugares— no pudo encontrar indicio alguno de tierra.
Estos informes contradictorios indujeron a otros navegantes a buscar dichas islas y, cosa extraña, mientras algunos recorrieron cada pulgada de mar donde suponían que podían estar sin encontrarlas, había no pocos que declararon terminantemente haberlas visto, e incluso haber estado cerca de sus costas.
Si os parece, hacemos una breve pausa y ahora seguimos. Bien, vamos a seguir. Hay que beber de vez en cuando.
La intención del capitán Guy era hacer todos los esfuerzos a su alcance para poner en claro esta cuestión tan discutida. Entre los navíos que, en distintas épocas, aseguran haberse encontrado con Las Auroras, pueden mencionarse el San Miguel en 1769, el Aurora en 1774, el Pearl en 1779 o el Dolores en 1790. Todos ellos coinciden en dar la latitud media de 53 grados al sur.
Mantuvimos nuestra ruta, entre el sur y el oeste, con tiempo variable, hasta el 20 del mismo mes, en que nos encontrábamos sobre el terreno debatido, hallándonos a 53 grados 15 minutos de latitud sur, a 47 grados 58 minutos de longitud oeste, es decir, muy cerca del sitio indicado como la situación del grupo más meridional. No divisando señal alguna de tierra, continuamos hacia el oeste por el paralelo 53 de latitud sur hasta el meridiano 50 de longitud oeste. Luego subimos hacia el norte hasta el paralelo 52 de latitud sur, donde viramos hacia el este y mantuvimos nuestro paralelo por altitudes dobles, mañana y noche, y altitudes meridionadas de los planetas y la luna.
Habiendo ido así hacia el este al meridiano de la costa occidental de Georgia, seguimos ese meridiano hasta volver a la latitud de donde habíamos partido. Seguimos entonces de derroteros diagonales a través de toda la extensión del mar circunscrito, manteniendo una vigía constantemente en el tope de gavia y repitiendo nuestro examen con gran cuidado por espacio de tres semanas, durante las cuales gozamos de un tiempo notablemente bueno y agradable, sin bruma alguna. Naturalmente, quedamos completamente convencidos de que, si habían existido alguna vez islas en aquellas cercanías en una época anterior, no quedaba vestigio alguno de ellas en la actualidad.
Después de regresar a mi país, he sabido que la misma ruta ha sido seguida, con igual cuidado, en 1822 por el capitán Johnson, de la goleta americana Henry, y por el capitán Morrell, de la goleta americana Wasp, habiendo obtenido, en ambos casos, el mismo resultado que nosotros.
Cierre
Bueno, y hasta aquí el texto que os había prometido. Espero que os haya gustado.
Como bien sabéis, no suelo hacer esto, así que espero que os haya gustado, que sea de vuestro agrado. Espero vuestros comentarios y, sin más, solamente deciros que procuraré hacer esto más a menudo. Creo que me gusta la experiencia.
Me he sentido muy a gusto y, nada: sed felices. Nos vemos en el próximo programa. ¡Hasta luego!